
La nueva generación de fármacos para la leucemia mieloide crónica, que representa el 15 por ciento de todas las leucemias, confirma su eficacia para controlar la enfermedad, según los resultados de los últimos estudios sobre el fármaco dasitinib. Los estudios, presentados durante el XIII Congreso de la Asociación Europea de Hematología (EHA)celebrado este fin de semana en Copenhague (Dinamarca), muestran que el fármaco controla la enfermedad en los pacientes con resistencia o intolerancia al imatinib, el tratamiento principal.
La nueva generación de fármacos para la leucemia mieloide crónica, que representa el 15 por ciento de todas las leucemias, confirma su eficacia para controlar la enfermedad, según los resultados de los últimos estudios sobre el fármaco dasitinib. Los estudios, presentados durante el XIII Congreso de la Asociación Europea de Hematología (EHA)celebrado este fin de semana en Copenhague (Dinamarca), muestran que el fármaco controla la enfermedad en los pacientes con resistencia o intolerancia al imatinib, el tratamiento principal.
Más del 90 por ciento de los casos de leucemia mieloide crónica (LMC) se originan a raíz de una alteración genética conocida como cromosoma Filadelfia. La LMC es una enfermedad maligna de la sangre de progresión lenta que se caracteriza por la producción de glóbulos blancos inmaduros, o blastos, en la médula ósea.
El tratamiento principal para estas leucemias es desde inicios de este siglo el imatinib, un fármaco que inhibe la actuación anómala de unas proteínas denominadas tirosina-cinasas fruto del cromosoma Filadelfia. El imatinib, comercializado por Novartis como Glivec, supuso una mejora clave en las opciones de tratamiento para estas leucemias. Sin embargo, existen pacientes que muestran resistencia o intolerancia a este fármaco.
La solución ante esta brecha en el tratamiento vino de la segunda generación de fármacos que inhiben las tirosina-cinasas y supera la resistencia o intolerancia al imatinib. El primero de ellos, el dasatinib, desarrollado y comercializado por Bristol Myers Squibb como Sprycel, fue aprobado en Europa en noviembre de 2006. Un año más tarde, se aprobaría otro de estos nuevos fármacos, el nilotinib, que Novartis comercializa como Tasigna.
UNA NUEVA ERA.
Ahora, los últimos estudios sobre dasatinib confirman la eficacia del fármaco y destacan la importancia del cambio precoz a este tratamiento, la falta de riesgos de experimentar efectos secundarios similares a los del imatinib (intolerancia cruzada) o su eficacia como tratamiento de primera línea.
Según explicó a Europa PressHagop M. Kantarjian, responsable del departamento de Leucemia del Centro del Cáncer M.D. Anderson de la Universidad de Texas (Estados Unidos), los pacientes de leucemia mieloide crónica que necesitan dasatinib para evitar una recaída en la enfermedad podrían dejar de tomar medicación para la enfermedad a través de nuevos tratamientos combinados con interferón alfa o incluso vacunas.
Kantarjian ha presentado los últimos resultados del estudio START sobre la actividad de los fármacos de segunda generación en los pacientes de leucemia mieloide crónica en fase crónica, los de mejor pronóstico. El trabajo ha sido dirigido por Francisco Cervantes, del Hospital Clínico y Provincial de Barcelona, y muestra que la supervivencia general es del 92 por ciento en los pacientes con resistencia al imatinibque tomaban dasitinib y del 100 por cien en aquellos que habían desarrollado intolerancia al fármaco de primera generación.
Los resultados actualizados del estudio START sobre las distintas fases de la leucemia mieloide crónica, la fase crónica, la acelerada y la crisis blástica, demuestran la eficacia a largo plazo de dasitinib. Uno de estos estudios muestra también que el dasitinib es más eficaz que las dosis más altas de imatinib que se proporcionan para vencer la resistencia al fármaco. Esto indica, según los científicos, la conveniencia de cambiar antes al tratamiento con la nueva generación de fármacos.
Según palabras de MauricetteMichallet, directora del departamento de Hematología Clínica del Hospital Edouard Herriot en Lyon (Francia), "se está viviendo una auténtica revolución en el tratamiento de la leucemia mieloide crónica". La investigadorapresentó los resultados deUNIC, el mayor estudio observacional europeo con pacientes de leucemia mieloide crónica realizado hasta la fecha, que muestra que la resistencia e intolerancia a imatinib es mayor de lo que mostraban estudios anteriores, llegando al 48 por ciento de los pacientes tratados con el fármaco.
El trasplante de médula ósea, una opción que tiene un riesgo de entre el 15 y el 20 por ciento de mortalidad en los primeros meses, ha pasado así de ser en el año 2000 la tercera opción de tratamiento, después de la quimioterapia y el interferón-alfa, a verse relegado a la quinta posición tras el imatinib y el dasitinib. El principal reto se encuentra ahora en el control y seguimiento de los pacientes de leucemia mieloide crónica. La realización con la periodicidad necesaria de las pruebas moleculares que controlan la presencia de las células malignas se ha convertido así en el principal arma frente a la enfermedad.
La nueva generación de fármacos para la leucemia mieloide crónica, que representa el 15 por ciento de todas las leucemias, confirma su eficacia para controlar la enfermedad, según los resultados de los últimos estudios sobre el fármaco dasitinib. Los estudios, presentados durante el XIII Congreso de la Asociación Europea de Hematología (EHA)celebrado este fin de semana en Copenhague (Dinamarca), muestran que el fármaco controla la enfermedad en los pacientes con resistencia o intolerancia al imatinib, el tratamiento principal.
Más del 90 por ciento de los casos de leucemia mieloide crónica (LMC) se originan a raíz de una alteración genética conocida como cromosoma Filadelfia. La LMC es una enfermedad maligna de la sangre de progresión lenta que se caracteriza por la producción de glóbulos blancos inmaduros, o blastos, en la médula ósea.
El tratamiento principal para estas leucemias es desde inicios de este siglo el imatinib, un fármaco que inhibe la actuación anómala de unas proteínas denominadas tirosina-cinasas fruto del cromosoma Filadelfia. El imatinib, comercializado por Novartis como Glivec, supuso una mejora clave en las opciones de tratamiento para estas leucemias. Sin embargo, existen pacientes que muestran resistencia o intolerancia a este fármaco.
La solución ante esta brecha en el tratamiento vino de la segunda generación de fármacos que inhiben las tirosina-cinasas y supera la resistencia o intolerancia al imatinib. El primero de ellos, el dasatinib, desarrollado y comercializado por Bristol Myers Squibb como Sprycel, fue aprobado en Europa en noviembre de 2006. Un año más tarde, se aprobaría otro de estos nuevos fármacos, el nilotinib, que Novartis comercializa como Tasigna.
UNA NUEVA ERA.
Ahora, los últimos estudios sobre dasatinib confirman la eficacia del fármaco y destacan la importancia del cambio precoz a este tratamiento, la falta de riesgos de experimentar efectos secundarios similares a los del imatinib (intolerancia cruzada) o su eficacia como tratamiento de primera línea.
Según explicó a Europa PressHagop M. Kantarjian, responsable del departamento de Leucemia del Centro del Cáncer M.D. Anderson de la Universidad de Texas (Estados Unidos), los pacientes de leucemia mieloide crónica que necesitan dasatinib para evitar una recaída en la enfermedad podrían dejar de tomar medicación para la enfermedad a través de nuevos tratamientos combinados con interferón alfa o incluso vacunas.
Kantarjian ha presentado los últimos resultados del estudio START sobre la actividad de los fármacos de segunda generación en los pacientes de leucemia mieloide crónica en fase crónica, los de mejor pronóstico. El trabajo ha sido dirigido por Francisco Cervantes, del Hospital Clínico y Provincial de Barcelona, y muestra que la supervivencia general es del 92 por ciento en los pacientes con resistencia al imatinibque tomaban dasitinib y del 100 por cien en aquellos que habían desarrollado intolerancia al fármaco de primera generación.
Los resultados actualizados del estudio START sobre las distintas fases de la leucemia mieloide crónica, la fase crónica, la acelerada y la crisis blástica, demuestran la eficacia a largo plazo de dasitinib. Uno de estos estudios muestra también que el dasitinib es más eficaz que las dosis más altas de imatinib que se proporcionan para vencer la resistencia al fármaco. Esto indica, según los científicos, la conveniencia de cambiar antes al tratamiento con la nueva generación de fármacos.
Según palabras de MauricetteMichallet, directora del departamento de Hematología Clínica del Hospital Edouard Herriot en Lyon (Francia), "se está viviendo una auténtica revolución en el tratamiento de la leucemia mieloide crónica". La investigadorapresentó los resultados deUNIC, el mayor estudio observacional europeo con pacientes de leucemia mieloide crónica realizado hasta la fecha, que muestra que la resistencia e intolerancia a imatinib es mayor de lo que mostraban estudios anteriores, llegando al 48 por ciento de los pacientes tratados con el fármaco.
El trasplante de médula ósea, una opción que tiene un riesgo de entre el 15 y el 20 por ciento de mortalidad en los primeros meses, ha pasado así de ser en el año 2000 la tercera opción de tratamiento, después de la quimioterapia y el interferón-alfa, a verse relegado a la quinta posición tras el imatinib y el dasitinib. El principal reto se encuentra ahora en el control y seguimiento de los pacientes de leucemia mieloide crónica. La realización con la periodicidad necesaria de las pruebas moleculares que controlan la presencia de las células malignas se ha convertido así en el principal arma frente a la enfermedad.




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